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Lola Kiepja, una mujer imposible.

Posted by Melissa Ramirez Stange on

Lola Kiepja y los selk'ams...
Estoy aquí cantando, el viento me lleva,
estoy siguiendo las pisadas de aquellos que se fueron
Se me ha permitido venir a la montaña del poder
He llegado a la gran cordillera del cielo,
camino hacia la casa del cielo
El poder de aquellos que se fueron vuelve a mí
Yo entro en la casa de la gran cordillera del cielo
Los del infinito me han hablado.
Traducción de Anne Chapman
En Fin del mundo: los seknam de Tierra del Fuego, 2002 los onas, en tierra del fuego
Testimonio de un mundo que ya dejó de existir
 
   
La antropóloga norteamericana Anne Chapman comenzó, a fines de 1964, a estudiar la cultura de los aborígenes que poblaron alguna vez Tierra del Fuego. Años después, recogió sus observaciones en un libro exhaustivo. El testimonio fotográfico de su amistad con la última sobreviviente, una chamán llamada Lola.
Tanto a Lola como a la antropóloga, las unió la soledad y la necesidad de una compañía, transformándose este compartir diario en un verdadero vínculo de amistad.
“Ella necesitaba alguien que entendiera parte de su pasado y que pudiera acompañarla en su memoria. Si bien Lola estaba bajo el cuidado de una persona, un tal señor Garibaldi, él no estaba mucho tiempo en la reserva donde ella vivía, cerca del lago Fagnano, en Tierra del Fuego”, dice la antropóloga. “Estábamos solas, porque a mí me gusta hacer el trabajo de campo sola, así uno se relaciona con más facilidad con la gente”, recuerda.
Es así que Chapman define este primer contacto con Lola como inmediato, muy fuerte y positivo. “No sólo por sus conocimientos sino por su personalidad muy atrayente. En aquel entonces, los 12 hijos que había tenido habían fallecido. Le sobrevivieron algunos nietos, pero no los conoció. Así que estábamos solas”, enfatiza.
“No había comunidad –aclara Anne– sino unos cuantos individuos que vivían dispersos y que se veían de vez en cuando. Había descendientes pero gente que sabía algo de la antigua cultura selk’nam, muy pocos, un puñado, y Lola era la más anciana.”
Anne, quien reside en Francia pero casi todos los años viaja a Argentina, Chile, Honduras y México, cuenta que Lola le tenía mucha paciencia, porque ella no sabía su idioma y si bien Lola hablaba castellano, no lo hacía de manera fluida y prefería relacionarse en su lengua. Angela Loij, la otra amiga selk’nam de Anne, les servía de intérprete.
Chapman, alumna de Claude Lévi-Strauss, recuerda que la últim7a selk’nam falleció en 1966, unos meses después que Anne dejara la Argentina. “Me dio mucha tristeza, porque falleció en el hospital, allá en Río Grande, y eso era lo que a ella no le gustaba. El hospital tiene sus reglas y no hacen excepciones y eso es la gran falla. No se dan cuenta que a veces hacen más mal que bien. No importa si el cuerpo de la persona tiene mal olor, importa su bienestar”, explica la antropóloga.
Hoy jubilada, Anne Chapman, busca divulgar la cultura fueguina, en especial entre la gente joven.
“Me siento recompensada cuando hay un real interés, no por lo que fue mi trabajo, sino por lo que fue aquello,” explica Chapman. “Si bien algunos fueron asesinados por los estancieros, a quienes les molestaban, la mayoría de los selk’nam murió por las grandes epidemias que traían los blancos”, reflexiona Anne y continúa “no se puede decir que es culpa, no es una cuestión de culpa, pero hay que reconocer que en esas circunstancias, tendría que haber habido más atención médica. Deberían haber entrenado médicos, para estar allá y hacer lo que podía hacer la medicina en aquella época.”
Al analizar la situación de los indígenas en la Argentina, la antropóloga norteamericana considera que tanto en México como en Chile, hay más respeto, conocimiento e interés sobre las culturas aborígenes. “Aquí hay un pequeño grupo que trabaja con algunas comunidades mapuches, y en el norte, en Chaco; o con algunos indígenas en zonas que rodean la ciudad de Buenos Aires.”
En su afán de difundir estas comunidades, se ha expuesto en dos oportunidades en el Centro Cultural Borges un film documental y una muestra fotográfica sobre los selk’nam desde 1520 hasta la actualidad, con obras en su mayoría del austríaco Martín Gusinde, etnólogo y religioso que visitó Tierra del Fuego en 1923 y que
Chapman conoció personalmente en 1967, en Viena. “Ya estaba un poco frágil de salud, pero me recibió con mucha amabilidad. Falleció dos años después”, concluyó.
Una sociedad compleja, con tecnología simple
Estimo que es un error calificar de simple la tecnología selk’nam como hacen muchos autores cuando caracterizan las sociedades cazadoras-recolectoras. En sí misma, la tecnología de estas sociedades no era ni simple ni compleja, por lo general era adecuada para realizar las tareas a las cuales estaba destinada. En este contexto, una tecnología de cazadores-recolectores alcanzará el desarrollo máximo imaginable. Pero como ninguna tecnología realiza todo su potencial teórico, estamos frente a un falso problema. En muchos sentidos, la sociedad selk’nam puede ser comparada con las sociedades aborígenes australianas. Estas han sido caracterizadas en la literatura antropológica como de organización socio-religiosa excepcionalmente compleja y de una tecnología “simple” o primitiva. Para explicar esa complejidad, en el pasado muchos antropólogos consideraban a las sociedades australianas un caso aberrante, una excepción a la “regla” de la teoría general de la evolución social, que parte de la sencillez del estadio cazador-recolector para culminar en la complejidad de la sociedad industrial. La selk’nam podría ser colocada en la misma categoría que las australianas, aunque deben tomarse en cuenta las diferencias entre los dos pueblos; la enorme superioridad numérica australiana, la mayor variedad institucional de sus comunidades, la posesión de un territorio mucho más vasto, etc. Pese a todas las diferencias, esas dos sociedades eran de un mismo tipo, dado que además de ser cazadores-recolectores, tenían una tecnología simple con respecto a la complejidad de su organización social y sus tradiciones religiosas.
*Extracto del libro Los selk’nam. La vida de los onas en Tierra del Fuego. Págs. 64-65.

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